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jueves, 18 de junio de 2026

UNA ALIANZA EDUCATIVA PARA LA ERA DIGITAL

El papa León XIV, en su reciente encíclica Magnifica Humanitas, lanza una reflexión que interpela directamente a quienes educamos: ¿estamos preparados para acompañar a niños y jóvenes en un mundo de inmediatez, pantallas e inteligencia artificial?

El texto advierte que toda tecnología educa a quien la usa, y que aprender a decidir cuándo no usar la IA es tan importante como saber usarla. También señala con claridad los riesgos reales —adicciones, aislamiento, acoso, exposición a contenidos dañinos— que enfrentan nuestros hijos y alumnos cuando el acceso digital no tiene acompañamiento adulto.

La conclusión es esperanzadora: ningún padre ni educador debe enfrentar esto en solitario. Hace falta una alianza entre familias, escuela e instituciones para proteger lo más valioso que tenemos: la infancia y la adolescencia.

Una lectura breve, pero que merece unos minutos de pausa y conversación en casa o en el aula.




León XIV 
Tomado de Magnifica  Humanitas (puntos del 139 al 142)

Una alianza educativa para la era digital

En una época en la que la verdad suele verse supeditada a intereses y estrategias comunicativas, el mundo de la educación adquiere una importancia decisiva. Sin embargo, las rápidas transformaciones tecnológicas ponen de manifiesto lo poco preparados que estamos en el ámbito educativo. La omnipresencia de los medios digitales genera una cultura de la inmediatez y la sobreestimulación, que alimenta el cansancio, el aburrimiento y la apatía ante el esfuerzo que supone buscar la verdad.

Los procesos educativos, en cambio, requieren tiempo para madurar, una confrontación con la realidad más allá de las apariencias y un camino paciente. La cuestión es fundamental, porque toda tecnología educa a quien la utiliza. Educar en el uso de la IA implica, por tanto, educar para decidir cuándo y para qué no utilizarla. La rapidez y la facilidad con las que se obtiene una respuesta o una síntesis hacen correr el riesgo de que se apague el deseo de plantear preguntas, que sólo da fruto con el tiempo. Como escribe Platón, las cosas más profundas e importantes sólo se aprenden tras mucho tiempo y mucho esfuerzo, comprometiéndose en la discusión con los demás para “frotar” los conceptos y las experiencias como si fueran pedernal, hasta que en nosotros salte la chispa de la comprensión. Debemos aprender a prescindir de la IA y proteger a nuestros jóvenes de la promesa de la máquina perfecta, de esa sutil seducción que hace parecer inútil el pensamiento humano precisamente cuando más se necesita.

En los últimos años, la literatura psicológica y psiquiátrica ha documentado con creciente insistencia cómo una exposición precoz y sin supervisión a los dispositivos digitales y a las redes sociales puede afectar negativamente al sueño, a la atención, a la regulación emocional y a las relaciones, especialmente en las edades más vulnerables, con consecuencias a veces dramáticas. A esto se suma la facilidad de acceso a escenas violentas o crueles que hieren la sensibilidad, a contenidos pornográficos e hipersexualizados, a mensajes que banalizan el cuerpo y la afectividad, y a propuestas que normalizan comportamientos de riesgo. En la red no son raros los fenómenos de captación, chantaje y explotación sexual de menores, que se vuelven más insidiosos por el uso de perfiles falsos, de algoritmos que amplifican contactos peligrosos y de herramientas de IA capaces de manipular imágenes y vídeos. Tener un teléfono móvil personal demasiado pronto y utilizarlo sin el control de los adultos puede acentuar la fragilidad y favorecer las adicciones en los jóvenes, exponiéndolos a dinámicas de aislamiento, acoso y ciberacoso, así como a la presión para compartir imágenes íntimas o datos sensibles.

A los padres de familia les resulta difícil resistir por sí solos al condicionamiento de modelos de negocio que monetizan la atención y el tiempo. Por eso es indispensable una alianza entre la política, las instituciones educativas y las familias, capaz de sostener de manera concreta a los adultos en su tarea. Es necesario oponerse, con decisiones públicas de largo alcance, a los intereses inmediatos de las plataformas —concentradas en pocas manos— cuando estos entran en conflicto con el bien de los menores. En esta perspectiva, son oportunas intervenciones legislativas que establezcan límites de edad, responsabilicen a los proveedores de servicios ―sin descargar, sobre las familias, el peso de la limitación― y prevean protecciones específicas contra toda forma de explotación y violencia sexual en internet, de modo que la infancia y la adolescencia se custodien verdaderamente como bienes preciosos confiados a nuestro cuidado. Al mismo tiempo, es necesario educar a los niños, adolescentes y jóvenes para que aprendan a reconocer las manipulaciones, a defender su propia dignidad y a respetar la de los demás, también en los entornos digitales. 




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En este enlace puedes leer el documento completo:

miércoles, 29 de noviembre de 2023

COMIENDO CON MIEDO. ENCUENTRO CON ELISABETH KARIN





"Cuando podemos nombrar algo es cuando podemos derrotarlo. Con un monstruo pude dar una identidad independiente a lo que me pasaba con el Trastorno de Conducta Alimentaria y separarla de la mía" 

Elisabeth Karin Pavón Rymer-Rythén,


Era 2010 cuando, en un contexto de muchos cambios vitales y con 15 años, Elisabeth Karin (Madrid, 1995), ilustradora y apasionada de los cómics, llegó a las manos de las profesionales de la salud, tenía bajo peso y se había quedado sin menstruación. Tuvieron que pasar algunos meses para que, tras “tocar fondo”, tomara consciencia de lo que le pasaba y conociera el nombre de aquella relación complicada con la comida: anorexia nerviosa. 

Convencida de que los trastornos de salud mental siguen siendo tabú, Karin acaba de publicar ‘Comiendo con miedo’ (Editorial Astronave), una novela gráfica en la que comparte su experiencia con “el monstruo” de la anorexia nerviosa. ¿El objetivo? Visibilizar una realidad que afecta con dureza a veces en edades tempranas, y ofrecer un recurso para que las personas con trastornos de las conductas alimentarias y sus familias puedan sentirse más acompañadas.


 































PRESENTACIÓN DEL COMIC "COMIENDO CON MIEDO" a cargo de su autora, de la diseñadora, ilustradora y muralista:
Elisabeth Karin.

A Comiendo con Miedo ha ganado premios como el de Fundación Nadine 2020, los Premios del Agua del FestiLIJ3C 2023 y el premio al mejor comic juvenil del Salón del Cómic de Barcelona 

Una charla dirigida a artistas, familias y educadores que trabajan con jóvenes, con la intención de poder plantearnos y dialogar las razones del malestar emocional de los jóvenes así como presentar respuestas a través del arte. 

Los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA), entre los que destacan la Anorexia, la Bulimia y el Trastorno por Atracón, conllevan graves consecuencias para la salud física y psicológica de quienes los padecen y de sus familias. La superación de estos trastornos, a veces larga y compleja, requiere un abordaje integral dirigido a la recuperación del bienestar físico y emocional de la persona. Resulta fundamental trabajar todas las áreas afectadas (personal, social, familiar, académico y/o laboral) así como los distintos trastornos que suelen convivir con los TCA. Y en este proceso es preciso centrase en los factores que originan y mantienen el problema y que pueden interferir en el proceso de recuperación.






















Enlaces de interes:

  • Medicina gráfica. Un estudio de su libro gráfico

  • Visibilizar lo invisible: el poder de la ilustración en los TCA | Elisabeth Karin | TEDxUC3M

  • 'Comiendo con miedo', Elisabeth Karin | Punts de Vista | RTVE Catalunya






ENTREVISTA A ELISABETH KARIN

Realizada por Saioa Baleztena en diario.es 

En ‘Comiendo con miedo’ narra su experiencia personal en la adolescencia cuando fue diagnosticada con anorexia nerviosa. ¿Cómo y cuándo nace esta novela?


Fue en 2019, cuando un amigo me enseñó la novela ‘Cara o Cruz’, de Lou Lubie, sobre la ciclotimia; un trastorno de la familia de las enfermedades bipolares. Me pidió que me lo leyera porque explicaba perfectamente lo que le estaba pasando. El libro lo explicaba a la perfección y sin que él tuviera que contármelo. Cuando lo hice, entendí la enfermedad y pensé, ¿por qué no existe un libro así sobre los trastornos de conducta alimentaria (TCA)? Sin duda me habría ayudado mucho. Así que recopilé mi historia y la transformé en viñetas con la intención de que personas que la sufran puedan hacer lo mismo. En 2020 el proyecto ganó el premio de la Fundación Nadine y ya no había marcha atrás.

Por lo tanto, podemos afirmar que nace con vocación pedagógica, ¿no es así?

Sí, el objetivo del libro es informar, divulgar y concienciar sobre los TCA. Si no has pasado por este tipo de trastornos, es muy difícil saber qué son exactamente y existen pocos recursos para entenderlos. Tanto en el nivel de tratamiento como a nivel pedagógico. En lo que he podido leer previamente, se narra, desde mi punto de vista, de manera poco realista, ya sea idealizando a las personas que sufren un TCA o tratándolas como enfermas crónicas. Y no todo es blanco o negro, como en la vida, hay muchos matices dentro de estos trastornos también. A mí me habría encantado tener este libro con 15 años, para sentirme acompañada y poder dárselo a mis seres queridos para que entendieran lo que me pasaba y así, ayudarme mejor.

Dibuja la anorexia como un monstruo. ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que empezó a marcar su vida?

Es difícil decir exactamente cuándo apareció, ya que empezó poco a poco. Y al igual que vino poco a poco, se fue poco a poco también. Tuvo su máximo esplendor desde los 14 años hasta los 21, aproximadamente.

¿Cuál es su relación con su cuerpo actualmente?

Lo acepto y lo quiero. No quiero caer en el error de decir que “ahora estoy a gusto con mi cuerpo”, porque creo que eso es muy superficial. Hay días que me encanta y que me siento genial, pero hay días que no, que no me siento bien con mi cuerpo. Y eso también está bien. La diferencia ahora es que no me angustio ni agobio con los días que me siento mal. Es normal, es natural. Lo acepto, no desespero, y le quiero igualmente.

¿Considera que existe una adolescencia obsesionada por su imagen?

Adolescencia y adultez. Vivimos en un sistema que nos lleva a obsesionarnos, de alguna manera, con nuestra imagen. La sociedad gira en torno a nuestro físico.

Se llama presión estética. ¿Quién hay detrás del ideal estético?

Hay muchos intereses detrás del ideal estético: el consumismo de productos de belleza, el control a través de lo estético y de no querer ver más allá. Esta presión fácilmente se puede convertir en una obsesión y no olvidemos que las obsesiones son el reflejo de algo que queremos evitar. Es decir, seguramente tenemos algo en nuestra vida que nos agobia tremendamente, por eso nos obsesionamos con otra cosa que nos da sensación de control. Así funcionan las drogas, consumes sustancias para evadirte. Pensar en comida, peso, ejercicio… es otra forma de droga y evasión.

En su novela habla del impacto de frases como 'qué guapa estás, ¿has adelgazado?', o 'si quieres ser guapa tienes que pasar hambre'. Ahora que se acerca el verano, más, si cabe. ¿Cómo afectan esos comentarios?

El canon de belleza actual, directamente asociado con el éxito, sigue siendo el de una mujer delgada, o un hombre musculoso. Lo que significa que estos comentarios seguirán apareciendo. Y esto es muy peligroso, sobre todo, para alguien que está pasando por un TCA. Te evocan a seguir con tu dieta o tus hábitos autodestructivos.

¿Cuáles son las consecuencias de las TCA?

Son diversas. Por un lado, están todos los problemas físicos, tanto si tienes infrapeso como sobrepeso, o la gravedad de conductas como el vómito auto provocado. Tener esta enfermedad puede llevar a graves problemas de salud, que a la larga, pueden ser crónicos. Por otro lado, están los problemas psicológicos: es normal que trastornos de ansiedad, TOC, depresión o pensamientos suicidas vayan de la mano con los TCA. Una cosa lleva a la otra y viceversa. Los TCA son trastornos serios que te pueden dejar secuelas muy graves.

El verano es terreno fértil para la violencia estética. ¿Cuál cree que es el reto principal para acompañar y educar a todas estas adolescentes que sufren las consecuencias?

Comunicarnos con ellas. Efectivamente, el verano es muy duro para las personas con TCA, el cuerpo está más al descubierto, y, por lo tanto, nos sentimos más vulnerables. Es normal que aparezcan más comentarios en torno a lo físico, las violencias culturales como la llamada 'operación biquini', las faltas de rutinas… Debemos poner consciencia en todos ello.

¿Cómo debemos actuar cuando en nuestro entorno si tenemos a una adolescente con loa primeros síntomas de trastornos alimenticios?

Algo fundamental es seguir tratando a esa persona con respeto, no culparla y hablarle siempre con mucho cariño. A partir de aquí, habría que pedir ayuda profesional. Cada caso es distinto y, por lo tanto, cada persona necesitará un tratamiento o plan específico.

¿Cuáles son los especialistas a los que debemos acudir?

Siendo una enfermedad mental, lo que principalmente habría que acudir es a psicólogos y terapeutas. Además, en España hay también muchas ciudades con organizaciones de TCA, así que es una buena opción acudir a ellas, ya que conocen especialistas más concretos que pueden ser de gran ayuda.

¿Cuál es la clave para mejorar la relación con la comida y con nuestra salud?

Al igual que cualquier relación, conocerse a uno mismo. Entender qué es lo que nos pasa. Primero debemos pasar por un proceso de aceptación que nos llevará a buscar la solución. Si en este camino sentimos que no tenemos recursos o que no podemos hacerlo solas, es fundamental pedir ayuda. Ojalá poder dar una clave para todas, pero insisto en que es importante entender que cada persona es distinta. Por eso, yo siempre animo a la gente a que pruebe diferentes opciones, como lo hice yo, hasta dar con la que te ayude.


Acabamos. Además de la novela, ha creado un perfil homónimo en Instagram con el objetivo de ser contrapeso para las numerosas páginas e iniciativas que, de manera más o menos consciente, hacen apología de la anorexia. ¿Cómo ha sido su acogida?

La acogida ha sido muy positiva. Diariamente recibo mensajes de personas que necesitan ayuda, que me piden consejo o, simplemente, me dan las gracias por el proyecto. Creo que se está convirtiendo en una red de apoyo, donde la labor principal es hablar del problema, un primer paso fundamental. Mucha gente me cuenta que tiene un TCA y que nunca lo ha hablado con nadie, que soy la primera persona a la que se lo cuentan. Es a raíz de ello, de hablarlo conmigo, cuando rompen esa barrera y comienzan a dar pasitos para hablarlo con más gente y pedir ayuda.

domingo, 19 de febrero de 2023

LA ADOLESCENCIA ES UNA ETAPA PRIVILEGIADA: el cerebro se rediseña por completo.. JOSE ANTONIO MARINA

A la edad de trece años se produce una segunda oportunidad de aprendizaje que hay que aprovechar, asegura el filósofo


La adolescencia puede ser una etapa turbulenta, de crisis inevitable, de irresponsabilidad y conductas de riesgo. O no. Para el filósofo y pedagogo José Antonio Marina, esta mala prensa de los jóvenes está agravando el fenómeno en lugar de resolverlo. De hecho estos modelos sociales, advierte Marina, se convierten en profecías autocumplidas por el mero hecho de decirlas. «Si repetimos muchas veces que los adolescentes son ineducables y difíciles de tratar, conseguiremos que lo sean», augura. Su última obra «El talento de los adolescentes», editada por Ariel, viene a unirse a un movimiento incipiente en países anglosajones liderado por psicólogos especializados en esta franja de edad que aboga por cambiar paradigma:«Porque no se adecua a la realidad y porque toma como representación la adolescencia de un 15 por ciento que si son muy conflictivos», advierte. Solo hay que mirar, propone, las encuestas españolas, que nos dicen que más del 80% de individuos en esta franja de edad no tienen ningún tipo de crisis. Es más, describe, «lo pasan bien, se llevan bien con su familia y únicamente tienen la pelea por ampliar los límites normal que se presenta a lo largo de la historia pero que entra dentro de la dinámica clásica de la búsqueda de la independencia inherente a la adolescencia. Diría de hecho que entra dentro de sus obligaciones evolutivas».

—¿En que se basa esta nueva corriente para desmontar los mitos que hay entorno al adolescente?

Esta nueva corriente aboga por tomar la adolescencia como una nueva segunda oportunidad. Para ello se basa en los últimos descubrimientos de la neurociencia, que hablan de que hacia los 13 años se realiza un nuevo y completo rediseño del cerebro. Es una segunda oportunidad de aprendizaje que tenemos que aprovechar para explicar a los adolescentes que tienen que sacarse el carnet de conducir de su nuevo producto, que es el momento de decidir sobre su personalidad.

—¿Cómo se toman esta nueva teoría los jóvenes?

—Cuando se lo explicas bien les produce una gran euforia educativa: les damos la razón de que tienen que tomar las riendas de su vida pero tienen que aprender a conducir. Les interesa mucho cuando les hablas de su cerebro.


—Sin embargo, usted advierte en su libro de que muchos adolescentes piensan a esa edad que ya no pueden cambiar.

Sí, a esa edad ya han forjado la creencia de que «como soy así ya no puedo cambiar», pero precisamente es el momento en el que pueden cambiar y tienen que hacerlo. Y que pueden aprender a pensar mejor, aprender a sentir mejor, aprender a tomar mejor las decisiones y ser más autónomos y por lo tanto a desarrollar su personalidad. Es el momento de la personalidad.

—¿Cómo pueden ayudar unos padres que también piensan que esta época es difícil?

Los padres tienen tres grandes recursos: el cariño, la exigencia (tienen que poner limites) y la comunicación, todo ello adaptado a esta edad. No digo que esto último no sea complicado: Necesitan la conexión emocional pero al mismo tiempo la rechazan. Pero una conversación no es somerterle a un interrogatorio. La conexión emocional se hace en primer lugar intentando entender al adolescente y tomando en serio sus intereses y preocupaciones, aunque a los adultos les parezcan absurdas. Son las de ellos. También tenemos que trasladar las nuestras.

—¿Dónde cometen los padres el mayor error?

El problema está en que estamos infantilizando la adolescencia. Así lo afirman la mayor parte de los expertos de este momento. Como tenemos miedo a su irresponsabilidad no les damos responsabilidades y a los niños hay que dárselas. La adolescencia no es una etapa biológica, esa es la pubertad. La adolescencia es una creación cultural estrictamente educativa que sirve para permitir que los niños no entren en el mercado de trabajo y tengan un periodo de aprendizaje más amplio. Pero es un periodo que debe ser más riguroso ya que debe servir de adquisición de responsabilidades, de autonomía... que es lo que pide esa edad. No podemos olvidarlo con el pretexto de que son niños peligrosos. Pueden y deben tomar muchas decisiones.

—Su libro se titula «El talento de los adolescentes». ¿Dónde se busca, cómo se puede fomentar?

—El talento está en la perseverancia. Todos los documentos del departamento de Educación de Estados Unidos y Canadá ponen como destreza la perseverancia y la constancia como «skill» o aptitud central. Y se puede educar en la perseverancia a todos los niveles educativos, con una llamada a los padres, pedagogos y maestros: Si no tienen perseverancia las demás aptitudes no se desarrollan y resultan chicos vulnerables que inmediatamente se desfondan. El esfuerzo es central para el desarrollo educativo, y pretender reducirlo es un problema y un freno para la excelencia. Es muy sencillo. A ti que te gustaría jugar al baloncesto, bien o mal, pero para ello es necesario entrenarte. Puede ser muy aburrido, pero si no te entrenas, no adquieres fondo, destreza... El esfuerzo es necesario para adquirir excelencia.

—¿Cómo motivar al adolescentes para que mejore?

La clave está en elogiar el esfuerzo, explicándoselo bien. A partir de la adolescencia podemos hacer poco por ellos, ya son los que deciden si mejorar o no. Si quieren ser mediocres, vulgares, asustados de los demás es su opción, pero hay procedimientos para que no sean nada de eso: pueden entrenarse para la brillantez, la creatividad. En todos las actividades humanas se puede mejorar. Y una vez que una persona siente la experiencia de la mejora es tan agradable que quiere continuar. A los adolescentes tenemos que explicarles cosas que resultan de cajón pero que hay que explicarlas, además, poniéndoles la pelota en su campo. Decirles:«Sois vosotros los que tenéis que jugar».

—¿El talento, se aprende entonces?

—No hay genios, el talento se aprende. No hay talentos innatos, hay capacidades innatas y esas capacidades se desarrollan o no se desarrollan.

—¿Se consigue algo castigando al adolescente?

El castigo es una aplicación imprescindible pero solo inhibe conductas, no fomenta. Con el castigo no haces que un chico estudie porque, o bien falsea las notas, o copia. Quizá podríamos decir que en algunos casos muy concretos, de consumo de alcohol y drogas, se utilicen todos los métodos disponibles.Pero en la adolescencia conviene sustituir el castigo por la lógica de las consecuencias: «Si haces esto te va a pasar esto».

Denos un consejo práctico para padres con adolescentes en casa.

—Los contratos entre padres e hijos. Hay que volver a marcar los límites conjuntamente sabiendo que el chico tiene que aprender autonomía con responsabilidades.Si no cumplen las condiciones, no hay excepciones. Sería algo así como que «esto lo habíamos acordado, esto se acabó, y el contrato tiene que cumplirse». Les estamos tomando en serio y se dan cuenta.Sobre todo, no infantilizar.


ABC
Carlota Fominaya
11/01/2015

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A mi yo adolescente: Miedo. José Antonio Marina, filósofo





VERSIÓN REDUCIDA





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