jueves, 18 de junio de 2026

UNA ALIANZA EDUCATIVA PARA LA ERA DIGITAL

El papa León XIV, en su reciente encíclica Magnifica Humanitas, lanza una reflexión que interpela directamente a quienes educamos: ¿estamos preparados para acompañar a niños y jóvenes en un mundo de inmediatez, pantallas e inteligencia artificial?

El texto advierte que toda tecnología educa a quien la usa, y que aprender a decidir cuándo no usar la IA es tan importante como saber usarla. También señala con claridad los riesgos reales —adicciones, aislamiento, acoso, exposición a contenidos dañinos— que enfrentan nuestros hijos y alumnos cuando el acceso digital no tiene acompañamiento adulto.

La conclusión es esperanzadora: ningún padre ni educador debe enfrentar esto en solitario. Hace falta una alianza entre familias, escuela e instituciones para proteger lo más valioso que tenemos: la infancia y la adolescencia.

Una lectura breve, pero que merece unos minutos de pausa y conversación en casa o en el aula.




León XIV 
Tomado de Magnifica  Humanitas (puntos del 139 al 142)

Una alianza educativa para la era digital

En una época en la que la verdad suele verse supeditada a intereses y estrategias comunicativas, el mundo de la educación adquiere una importancia decisiva. Sin embargo, las rápidas transformaciones tecnológicas ponen de manifiesto lo poco preparados que estamos en el ámbito educativo. La omnipresencia de los medios digitales genera una cultura de la inmediatez y la sobreestimulación, que alimenta el cansancio, el aburrimiento y la apatía ante el esfuerzo que supone buscar la verdad.

Los procesos educativos, en cambio, requieren tiempo para madurar, una confrontación con la realidad más allá de las apariencias y un camino paciente. La cuestión es fundamental, porque toda tecnología educa a quien la utiliza. Educar en el uso de la IA implica, por tanto, educar para decidir cuándo y para qué no utilizarla. La rapidez y la facilidad con las que se obtiene una respuesta o una síntesis hacen correr el riesgo de que se apague el deseo de plantear preguntas, que sólo da fruto con el tiempo. Como escribe Platón, las cosas más profundas e importantes sólo se aprenden tras mucho tiempo y mucho esfuerzo, comprometiéndose en la discusión con los demás para “frotar” los conceptos y las experiencias como si fueran pedernal, hasta que en nosotros salte la chispa de la comprensión. Debemos aprender a prescindir de la IA y proteger a nuestros jóvenes de la promesa de la máquina perfecta, de esa sutil seducción que hace parecer inútil el pensamiento humano precisamente cuando más se necesita.

En los últimos años, la literatura psicológica y psiquiátrica ha documentado con creciente insistencia cómo una exposición precoz y sin supervisión a los dispositivos digitales y a las redes sociales puede afectar negativamente al sueño, a la atención, a la regulación emocional y a las relaciones, especialmente en las edades más vulnerables, con consecuencias a veces dramáticas. A esto se suma la facilidad de acceso a escenas violentas o crueles que hieren la sensibilidad, a contenidos pornográficos e hipersexualizados, a mensajes que banalizan el cuerpo y la afectividad, y a propuestas que normalizan comportamientos de riesgo. En la red no son raros los fenómenos de captación, chantaje y explotación sexual de menores, que se vuelven más insidiosos por el uso de perfiles falsos, de algoritmos que amplifican contactos peligrosos y de herramientas de IA capaces de manipular imágenes y vídeos. Tener un teléfono móvil personal demasiado pronto y utilizarlo sin el control de los adultos puede acentuar la fragilidad y favorecer las adicciones en los jóvenes, exponiéndolos a dinámicas de aislamiento, acoso y ciberacoso, así como a la presión para compartir imágenes íntimas o datos sensibles.

A los padres de familia les resulta difícil resistir por sí solos al condicionamiento de modelos de negocio que monetizan la atención y el tiempo. Por eso es indispensable una alianza entre la política, las instituciones educativas y las familias, capaz de sostener de manera concreta a los adultos en su tarea. Es necesario oponerse, con decisiones públicas de largo alcance, a los intereses inmediatos de las plataformas —concentradas en pocas manos— cuando estos entran en conflicto con el bien de los menores. En esta perspectiva, son oportunas intervenciones legislativas que establezcan límites de edad, responsabilicen a los proveedores de servicios ―sin descargar, sobre las familias, el peso de la limitación― y prevean protecciones específicas contra toda forma de explotación y violencia sexual en internet, de modo que la infancia y la adolescencia se custodien verdaderamente como bienes preciosos confiados a nuestro cuidado. Al mismo tiempo, es necesario educar a los niños, adolescentes y jóvenes para que aprendan a reconocer las manipulaciones, a defender su propia dignidad y a respetar la de los demás, también en los entornos digitales. 




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En este enlace puedes leer el documento completo:

miércoles, 3 de junio de 2026

ENTENDIENDO EL CEREBRO EN CONSTRUCCIÓN DEL ADOLESCENTE

Cuantas veces observamos los cambios del cerebro adolescente con mezcla de confusión y tristeza. Los padres y madres pasamos de ser un confidente a ser una amenaza en muy poco tiempo.

Vamos a tratar de explicar algunos de los cambios mediante la neurociencia y para ello nos servimos de las investigaciones y declaraciones del neurocientífico David Bueno i Torrens; del filósofo y pedagogo José Antonio Marina; del neuropsicólogo Álvaro Bilbao; y en las aportaciones sobre neurociencia, estrés y vínculo emocional de Almudena Castellanos y Miriam Rojas.

David Bueno i Torrens, doctor en biología e investigador de la Universidad de Barcelona, lleva años estudiando el cerebro adolescente. Su explicación es sencilla pero poderosa: “lo que interpretas como rebeldía, distancia o mala actitud tiene una base biológica muy concreta”; el cerebro está en obras.


Tres zonas que lo explican todo.


Imagina que en la cabeza de tu adolescente están reformando, “al mismo tiempo”, tres habitaciones clave de una casa. Con todo el caos que eso implica.




Antes de la adolescencia, la voz de la madre activaba en el cerebro del hijo “el centro de recompensa” (el de bienestar y placer). Escuchar a mamá, automáticamente, le hacía sentir bien.

Pero durante la adolescencia, esa misma voz puede activar “la amígdala”… en modo amenaza, y no porque tú hayas cambiado ni porque hayas hecho algo mal. “Es su cerebro reconfigurando sus respuestas”. Y lo más asombroso: este cambio puede producirse en cuestión de días.


El podado neuronal.


El cerebro adolescente hace algo llamado "podado neuronal". Como cuando podas un árbol: “elimina conexiones que ya no son útiles para dejar espacio a las que sí lo serán”.

Por tanto, no es destrucción. Es construcción. El cerebro infantil construye conexiones a toda velocidad, pero en la adolescencia necesita reorganizarse, quedarse solo con lo esencial.

David Bueno señala algo incómodo, pero necesario: “la presencia constante de los adultos mirando el teléfono delante de sus hijos influye más en el cerebro adolescente que el tiempo que ellos mismos pasan conectados”.


“La segunda ventana de oportunidad: Por qué la adolescencia es un regalo”

El filósofo y pedagogo, José Antonio Marina, lo dice claro: entre los 13 y los 16 o 17 años, el cerebro atraviesa una segunda etapa de gran aprendizaje. Es el momento de decidir sobre la propia personalidad.

Y el neuropsicólogo Álvaro Bilbao añade: "La inmensa mayoría de los adolescentes son maravillosos: motivados, curiosos, colaborativos. Solo tienen la mecha más corta. No son enemigos. Son adolescentes. Y eso es justo lo que tienen que ser."

La neurocientífica Almudena Castellanos insiste en algo clave: “un cerebro en desarrollo es muchísimo más sensible al estrés, la sobreexigencia y la hiperestimulación”. Dormir poco, vivir permanentemente conectados o recibir impactos continuos de redes sociales modifica literalmente cómo el cerebro procesa las emociones y la autoestima. Necesita pausas reales: silencio, aburrimiento, descanso, contacto humano y movimiento físico.

David Bueno afirma que lo que de verdad necesitan (aunque pidan lo contrario) es sentirse queridos. "Cuando pensemos que no merecen la pena que los queramos, más debemos quererlos, porque más apoyo emocional necesitan." No para sobreprotegerles, no para excusar sus actitudes, sino para que tengan la estabilidad suficiente desde la que ir aprendiendo a reflexionar por sí mismos.

La adolescencia no es el final, es el puente. Como padres y madres debemos saber que nuestro hijo no nos está rechazando, está aprendiendo a volar, y para hacerlo necesita alejar el nido… pero también saber que el nido sigue ahí. La clave es si seguimos disponibles, pacientes y sin juzgar. La verdad que no es fácil.


El cerebro del adolescente es como una casa en reformas. Hay polvo, ruido y desorden, pero al final… habrá un hogar más fuerte, más único y más preparado para el mundo.


Una pregunta para reflexionar:

¿Qué pequeño gesto puedes hacer esta semana para que tu hijo sienta que, aunque cambie, tu apoyo no lo hará?


5 cosas que puedes hacer con tu adolescente

Basado en las recomendaciones de Bueno, Bilbao, Marina y otros expertos:


1. Cena sin pantallas: 20 minutos de conversación real (Bilbao).

2. Valida sus emociones: En lugar de "No exageres", prueba "Entiendo que esto te frustre" (Miriam Rojas).

3. Dale espacio físico: Llama a la puerta antes de entrar a su habitación (Bilbao).

4. Cuida tu ejemplo con el móvil: Si tú no lo usas en su presencia, él lo notará (Bueno).

5. Normaliza el error: Dile "Estás aprendiendo a ser adulto, y está bien equivocarse" (Marina).


Por Belen Marijuán (maestra, psicopedagoga)  y Francisco Rey (educador  y profesor de secundaria)




lunes, 18 de mayo de 2026

EL ENGAÑIABOBOS: LO QUE NO SE EJERCITA SE PIERDE


Hay artículos que incomodan. Este es uno de ellos. Y precisamente por eso merece estar en la mesa de toda familia, en la sala de profesores, en cualquier espacio donde adultos responsables se pregunten qué mundo estamos construyendo para los que vienen detrás.

El escritor Juan Gómez-Jurado arranca con una imagen que desarma: los médicos que recomendaban fumar, la Guinness para embarazadas, la heroína Bayer para la tos infantil. Postales absurdas de otro tiempo. Y entonces lanza la pregunta que quema: ¿de qué nos reirán dentro de cuarenta años?

La respuesta, incómoda, ya la conocemos.

El artículo no es un panfleto tecnófobo. Es un diagnóstico sobre la abdicación del pensamiento: la nuestra y, por extensión, la de nuestros hijos. Describe con precisión quirúrgica algo que padres y educadores ya intuyen pero rara vez se atreven a nombrar: que estamos criando generaciones enteras a las que les estamos quitando el derecho a esforzarse, a equivocarse, a no saber —y a aprender precisamente desde ahí.

Un niño paralizado ante una multiplicación sin batería en la tablet. Una adolescente preguntándole a un chatbot qué debe sentir ante la muerte de su abuelo. No son anécdotas: son síntomas.

Lo que Gómez-Jurado pone sobre la mesa —y que todo educador reconocerá— es que el músculo del pensamiento crítico se atrofia exactamente igual que cualquier otro músculo cuando no se usa. Y que las grandes tecnológicas saben lo que hacen, igual que lo sabían las tabacaleras. No por casualidad emplea el mismo marco: los mismos despachos de relaciones públicas, los mismos expertos a sueldo, los mismos discursos sobre la libertad del consumidor adulto.

Leer este artículo no resuelve nada. Pero obliga a hacerse preguntas que sí lo pueden resolver: ¿Cuándo fue la última vez que dejé a un niño aburrirse en silencio? ¿Qué le estoy enseñando cuando le doy el móvil para que no moleste? ¿Qué modelo de pensamiento estoy transmitiendo cuando yo mismo delego en la máquina lo que podría construir con mis propias palabras?

La reflexión interpela especialmente a quienes acompañamos a las nuevas generaciones. Porque educar nunca fue solo transmitir información. Educar es enseñar a pensar, a discernir, a convivir con la duda, a construir criterio propio. Y eso requiere tiempo, esfuerzo y, a veces, silencio. Justo lo contrario de la inmediatez que hoy domina nuestras pantallas.

Este artículo merece ser leído no porque tenga todas las respuestas, sino porque se atreve a formular preguntas urgentes. Preguntas incómodas, sí, pero necesarias. Nos obliga a detenernos y pensar qué tipo de inteligencia queremos fomentar en nuestros hijos y alumnos: una inteligencia delegada en máquinas o una inteligencia humana capaz de comprender, crear, cuestionar y sentir.


No hace falta estar de acuerdo con todo. Hace falta leerlo. Y discutirlo. Y que esa discusión ocurra entre personas —sin asistentes virtuales de por medio.



Mostramos a continuación el artículo completo.

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EL ENGAÑIABOBOS


Cuánto tardaremos en darnos cuenta del coste de la inteligencia artificial y cuánto daño habrá hecho mientras tardamos en verlo, es la pregunta que nadie quiere formular

«Más médicos fuman Camel que cualquier otro cigarrillo». Es 1946 y un señor con bata blanca y bigote responsable te mira desde la página de la revista. En los años cincuenta, una embarazada radiante levanta una jarra de cerveza Guinness: le sentará de maravilla a usted y a su bebé. En otra página, un crío de tres años con chupete ríe junto a su botellín de vino tinto rebajado con agua, porque eso fortifica la sangre. En misma revista, unos años antes, el jarabe Bayer recomienda heroína para la tos infantil –«calma sin sedar»–. Hoy nos parecen postales de un planeta marciano. Reímos con la superioridad cómoda del que se cree a salvo.

Estropear la comodidad es tan sencillo como preguntar: ¿de qué nos reiremos dentro de cuarenta años?

Hagamos memoria, que es ejercicio cada vez más raro. Cuando yo era un crío, hacer un trabajo de clase significaba bajar a la biblioteca, abrir la enciclopedia –Espasa, Larousse, Salvat– y pelearse con un índice de dos kilos. Después llegó internet y abrimos la Wikipedia, y los profesores nos miraban como si hubiéramos copiado de la chuleta de un compañero más listo. La Wikipedia, decían, no es fuente fiable. La Wikipedia, ese chiste.

No estaban del todo equivocados, porque toda fuente puede manipularse y conviene contrastar. Lo que ninguno preveía es que un día echaríamos de menos aquella Wikipedia denostada, donde al menos había un autor humano, una cita, una página de discusión, alguien que había peleado por la verdad de cada coma. Hoy la Wikipedia parece la Británica al lado de un resultado de Google. Y un resultado de Google parece la Wikipedia al lado de la respuesta que arroja una IA en cuatro líneas mal escritas, sin firma, sin fuente y sin posibilidad de réplica. Hemos descendido tres peldaños y nos hemos convencido de que volamos.


Los niños de hace diez años buscaban en internet. Los de hoy no abren la calculadora. Para qué, si tienen el oráculo. Para qué dividir, multiplicar, conjugar, recordar. Para qué pensar.

Y no son solo los niños. Abogados que firman escritos con jurisprudencia inventada, médicos que se apoyan en diagnósticos automáticos, periodistas que entregan a las cuatro de la mañana columnas que nadie ha pensado. Una sociedad entera abdicando del esfuerzo a cambio de la dulzura inmediata del atajo.

Y mientras tanto, la IA. Todo es IA. El móvil trae un botón para la IA. WhatsApp tiene un 'widget' flotante de IA. Facebook sugiere conversaciones con IA. Word redacta por nosotros, el correo responde por nosotros, la nevera –dicen– pronto pedirá la cena por nosotros. Cualquier día nos pedirá la opinión por nosotros, y aplaudiremos.

Hemos dejado de preguntarnos qué es. Y eso, en cualquier sociedad mínimamente adulta, debería encender todas las alarmas.

Porque, ¿qué es la IA? Un pozo sin fondo de extracción del yo. Cada consulta, cada duda, cada pregunta íntima que tecleamos a las tres de la madrugada se convierte en mineral para refinar el modelo. Una disolución del individuo en la nube, al servicio de cuatro empresas californianas que no responden ante nadie. Sus consejeros delegados juran hoy ante el Congreso de Estados Unidos lo mismo que juraban hace treinta años los presidentes de Philip Morris: que su producto es seguro, que ellos son los primeros interesados en regularlo, que confiemos.

Pero hay algo peor, y es la otra mitad de la transacción: lo que nos llevamos a casa a cambio. Nos llevamos la atrofia. La pérdida de la inteligencia básica, esa que se construye lentamente cargando peso –memorizar capitales, resolver una raíz cuadrada, escribir un párrafo desde cero, leer un libro hasta el final, sostener un argumento sin ayuda externa, aburrirse quince minutos en silencio–. Nos llevamos la dimisión del pensamiento crítico, que es el músculo más caro de mantener y el primero que se pierde cuando se delega.

Y los niños, de nuevo, los niños. Que aprenderán a no aprender. Que tendrán todas las respuestas y ninguna pregunta. Que crecerán convencidos de que pensar es para listos y de que ellos no necesitan serlo, porque tienen una aplicación que lo hace por ellos.

He visto a un niño de 9 años quedarse paralizado ante un siete por ocho porque la 'tablet' estaba sin batería. He visto a una adolescente preguntarle a un 'chatbot' por la noche qué debía sentir ante la muerte de su abuelo. He visto a un universitario entregar un trabajo escrito íntegramente por la máquina y defenderlo, ofendido, porque él había escrito el 'prompt'.

Hablar de regular un mercado produce urticaria. Lo sé. Soy el primero al que le sale el sarpullido. Pero ni el más liberal de los liberales defiende ya que pueda venderse tabaco a un niño de doce años, ni cerveza a una embarazada, ni cocaína al portador. Esa pelea la dimos hace décadas, con esfuerzo, con tiempo y con muertos, y la ganamos a pesar de las tabacaleras, que durante cuarenta años contrataron médicos a sueldo, financiaron estudios, sembraron dudas científicas y compraron parlamentarios. Las grandes tecnológicas hoy hacen exactamente lo mismo, con manuales más sofisticados, los mismos despachos de relaciones públicas y los mismos discursos sobre la libertad del consumidor adulto.

La pelea por las redes sociales en la infancia la estamos empezando ahora, con el mismo desfase de medio siglo. Y solo ha costado unos cuantos cientos de suicidios adolescentes y trescientos mil casos de ciberacoso al año. Una nadería estadística. Un peaje razonable, dirán los algoritmos cuando aprendan a hablar como ejecutivos.

Cuánto tardaremos en darnos cuenta del coste del engañIAbobos –porque ese es su nombre verdadero, y lo será siempre– y cuánto daño habrá hecho mientras tardamos en verlo, es la pregunta que nadie quiere formular.

Pero alguien tendrá. Antes de que nuestros nietos vean nuestras fotos felices, abrazados a un asistente virtual, y se rían como nos reímos hoy del médico que recomendaba Camel. Con la diferencia, escalofriante, de que entonces solo se nos iba el pulmón. Esta vez se nos va la cabeza.


Juan Gómez-Jurado
Es escritor

Publicado en el diario ABC el 17 de mayo de 2026 






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martes, 21 de abril de 2026

“Los libros, no las pistolas”: Ehsan Ullah Khan sacude conciencias en Burgos


Por Belén Marijuán y Francisco Rey Alamillo / Encuentro y Solidaridad – AIMCE

Burgos acaba de vivir días que no se olvidan fácilmente. Del 15 al 18 de abril de 2026, Ehsan Ullah Khan —periodista, fotógrafo, fundador del Frente de Liberación del Trabajo Forzado de Pakistán (BLLF) y de Asociación Iqbal Masih contra la Esclavitud (AIMCE) , padre adoptivo de Iqbal Masih y mártir en vida— volvió a Burgos para remover las conciencias dormidas y recordar al mundo que hay niños que siguen encadenados y no habrá Paz mientras no haya una educación al servicio de la Paz. Ello exige no negar al hombre la capacidad crítica de leer su propio mundo. “La paz auténtica no puede germinar en los surcos de una ignorancia impuesta” . “ El actual ecosistema educativo de élite prioriza la brillantez técnica a expensas de la conciencia, gestando un mundo de mentes vacías de la integridad moral necesaria para detener este mundo en guerra” manifestó Ehsan Ullah Khan.




Su relación con Burgos no es nueva. Desde 2011 regresa periódicamente, tejiendo vínculos con universidades, colegios, asociaciones y familias. Este año ha tenido un enfoque más intenso por su relación con la universidad de Burgos y Salamanca.

Un libro y una economía nueva

El 15 de abril presentó en el rectorado de la Universidad de Burgos el proyecto editorial The Foundation of a New Global Economy —en español, la base de una economía sin explotación—, con prólogo de Kailash Satyarthi, Premio Nobel de la Paz en 2014. El vicerrector de Relaciones Institucionales, Cultura y Proyección Social de la UBU, Delfín Ortega, recibió el acto con las palabras que este libro merece: una obra que convierte la memoria del sufrimiento en exigencia de verdad y la verdad en responsabilidad pública.

Enrique Cabero, presidente del Consejo Económico y Social de Castilla y León, subrayó la urgencia de un compromiso democrático internacional por la paz y los derechos humanos para erradicar  la esclavitud en todos los niveles, especialmente en la infancia y la adolescencia. También destacó el vínculo especial que Ehsan Ullah Khan tiene con Castilla y León, a través de AIMCE.


Además, Ullah Khan subrayó la necesidad de transitar hacia una «economía sin explotación» que se base en la justicia y sea desarrollada en la paz. «La educación es la estructura que hay detrás de todo el sistema», afirmó, para agregar que «en la economía global, lo primero por lo que hay que empezar es por cambiar la educación».




Diversos encuentros en la ciudad.

El jueves 16 de abril de 2026, en el Salón de Actos de la Facultad de Educación de la Universidad de Burgos, Ehsan Ullah Khan protagonizó el acto central del Día Internacional contra la Esclavitud Infantil.

Ehsan formuló preguntas a los estudiantes, habló de vocación, de futuro. Su tesis es tan sencilla como radical: “Los estudiantes no conocen los derechos de los niños del mundo”, advirtió. Y añadió algo que debería resonar en cada aula y en cada rectorado: “Si los derechos de los niños no están en la base, no es posible ningún cambio mínimo en la educación. El mundo creará instituciones que valoren el espíritu emprendedor, la burocracia, las notas… pero no serán constructores de paz.”

Su sentencia más citada fue : “El principal instrumento para el cambio no son las pistolas sino los libros y la educación.” Y muchos millones de niños y niñas no tienen acceso a ella. El subdelegado del Gobierno en Burgos, Pedro de la Fuente, asistió a la conferencia y agradeció el trabajo de Ehsan e invitó a la asociación AIMCE a participar en los trabajos contra la esclavitud moderna.



El sábado 18, en el Espacio “Compañeros Valentín Palencia” del Seminario Diocesano de Burgos, Encuentro y Solidaridad y AIMCE organizaron el encuentro sobre la Educación Liberadora. Educar en un mundo de cadenas invisibles. Ante una audiencia que unía militantes católicos, educadores y amigos, Ehsan , que es musulmán, habló de paz y de guerra, conectando su lucha con el mensaje del recién elegido Papa León XIV: “La misión del Papa León XIV es muy importante, y he tenido la oportunidad de escucharle en la misma línea de la lucha que llevamos.” Y recordó las palabras del Papa León XIV: “El mundo está siendo asolado por un puñado de tiranos... pero se mantiene unido gracias a una multitud de hermanos y hermanas solidarios” . “¡Ay de aquellos que manipulan la religión y el nombre mismo de Dios para su propio beneficio militar, económico y político, sumiendo al mundo en la oscuridad y la inmundicia!” “ Cristianos y musulmanes pueden vivir juntos y ser amigos”.

Sus palabras sobre la cruz —símbolo del compromiso cristiano— resonaron con fuerza en aquel espacio eclesial: “Cuando Jesús dice que todos debemos llevar la cruz, significa que todos estamos llamados a sacrificarnos, a llevar la cruz de la justicia, la igualdad, la solidaridad, y a no tener miedo a la muerte.”

Ehsan se reunió con estudiante de la ESO, de Bachillerato y Ciclos Formativos en dos centros educativos de Burgos, así como con inmigrantes sin techo, en los cuales recordó la dignidad de todo ser humano, y la importancia de la educación como vía para la paz. “Tanto el Islam como el cristianismo están a favor de la acogida al necesitado, al inmigrante”, afirmó con firmeza, denunciando a quienes invocan la fe para cerrar fronteras. "Personalidades como Jesucristo, Mahoma, Einstein... fueron inmigrantes, refugiados” Animó a todos a amar el estudio como forma de forjar un futuro y tener una visión del mundo que priorice los derechos de la infancia.





Ehsan lleva décadas recordando que el consumismo que nos rodea tiene un reverso de esclavitud. “Unos compran sin parar y otros son esclavos”, señaló. Se necesitan 750 litros de agua para fabricar unos vaqueros y en la fabricación de estos vaqueros se utilizan químicos que contaminan la tierra y enferman a niños. Los niños también son atados a telares para que nosotros podamos comprar alfombras baratas. La cadena que no se ve llega hasta nuestros armarios.

También denunció el uso de las armas biológicas en Pakistán en los años 70 y 80 con un experimento americano del virus de la fiebre amarilla, lo cual mató a muchas personas, la mayoría esclavos.

Cuando hizo pública esta noticia en la prensa pakistaní fue arrestado y torturado con secuelas físicas que aún hoy continúan.



Una visita que deja huella tras una historia de compromiso- —12 veces encarcelado, torturado, condenado a muerte, exiliado en Suecia, con 250 escuelas derribadas por el ejército pakistaní— y no es una historia del pasado. Es una acusación presente que nos llama al compromiso: mientras haya un solo niño esclavo, sin derechos, no podemos permanecer indiferentes.

El grito de WE ARE FREE con el que finalizamos los encuentros nos lleva a ser conscientes (de sacar del subconsciente) la realidad de opresión y miedo que existe para que esta sea liberada.

Ehsan continúa su ruta por otras ciudades, y nosotros nos quedamos con la tarea de seguir trabajando por construir realidades de encuentro y solidaridad.







UNA ALIANZA EDUCATIVA PARA LA ERA DIGITAL

El papa León XIV, en su reciente encíclica Magnifica Humanitas, lanza una reflexión que interpela directamente a quienes educamos: ¿estamos ...